No es que esté hoy muy milenarista, pero ver que tengo un cierto público siempre motiva. Tenía pensado hacer una revisión de la reciente publicidad de automóviles (¡sepulcros blanqueados!), pero como quiero darle un enfoque científico, lo dejo para otro día y paso solamente a comentar que en mi opinión, bastantes de los problemas de la humanidad se solucionarían con bastante menos población.
¡Cielos! Supongo que si una enorme legión de hipócritas que hay por ahí leyeran esto me anatemizarían. La verdad es que desconozco como va el tema en las religiones en las que no me he criado. Creo que los judíos y los protestantes admiten los métodos anticonceptivos, y que tampoco hay problemas en las culturas orientales; y me parece en cambio que el Islam no lo admite, pero sólo me parece, si algún lector ilustrado quiere derramar sobre mi obtusa cabeza los tesoros de su sabiduría, se lo agradeceré. Pero sí puedo hablar, y además en profundidad, de la religión en la que me he criado, porque además de ser de una familia muy religiosa, he tenido la inmensa dicha de ir a un colegio del Opus Dei (hummm, creo que un día contaré alguna de las sabrosas experiencias, nos vamos a reír) y he comprobado que conozco el paño mejor que la tibia media de la población española.
A pesar de todo lo cual, sigo sin entender porqué tenemos que tener todos los hijos que el Señor quiera enviarnos... o por qué el Señor no nos iba a dejar que tomáramos la decisión. Veamos, los católicos argumentan que cuando Dios creó el mundo (últimamente he visto una frase que dice "Dios creó el mundo en siete días.. y se nota" :-D ) dijo "Creced, multiplicaos y poblad la tierra". Vale, pues manos a la obra, pero, ¿hasta cuando? ¿Indefinidamente? ¡Pero joer, si la Tierra ya está poblada! ¡De hecho está superpoblada! No es que ya no haga falta tanta gente, si por variabilidad genética es, ya hay peña para asegurar una más que adecuada supervivencia, no como el lince.
Y es aquí cuando, por fin, querida Tere, entra el tema del Neomalthusianismo. Como sabéis, Malthus era un pollo creo que de principios del s. XVIII, que llegó a la conclusión de que mientras los recursos para la población crecían en razón aritmética, la población en su mismidad crecía en población geométrica (estoy hablando de memoria, geografía de 2º de BUP; lo siento, pero si tengo que retequedocumentarme exahustivamente de todo lo que escribo, se iría al carajo el blog y eso se que os acongojaría en extremo :-D ). Con lo cual, la cosa derivaba hacia una hambruna que te cagas. En el cole del Opus se regocijaban al comentar que no sólo no había pasado eso, sino que a pesar del descenso de la mortalidad infantil, a lo largo del siglo XX los recursos alimenticios se habían multiplicado por nosecuantos. Pos fale. Muy bien. Vamos a suponer que aunque nos reproduzcamos como conejos, papeo va a haber pa rato (hummm).
Pero es que resulta que toda esa peña va demandando no sólo alimentos sino además agua, bien escaso y que tiene un precio ambiental enorme; y energía, que está causando mayormente el cambio climático. A ver, si podemos elegir, ¿no es mejor que seamos menos y vivamos mejor que no que follemos como monos y como ellos, sin gomita, y estemos a dos velas? ¿No vemos que tanta gente crea una enorme presión sobre el ecosistema? Cooñoooo...
Quien quiera, que se reproduzca. Tampoco hay que ponerse en plan maoísta. Pero quien quiera, y el que quiera hacer la picardía sin que luego haya churumbeles, mejor. La mortalidad infantil ha descendido, en todo el planeta, ya sé que en unos sitios mucho menos, pero ha descendido; ya no hace falta tener dieciséis angelitos y que las mujeres mueran de sobreparto o de fatiga. Démosle a nuestra descendencia un sitio mejor para vivir, y no un sitio donde tengan que sufrir hambrunas, guerras por los recursos o siquiera esta maldita incertidumbre con la que nos ha tocado vivir nuestros días...
... o extingámonos rápida e indoloramente :-(
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domingo, 1 de junio de 2008
lunes, 24 de diciembre de 2007
El efecto de masa
Necesito urgentemente un electroshock. Eso como solución de urgencia, porque luego hay otras soluciones más estructurales, como reducir la población del país a la mitad, mandarme de ermitaña a alguna ermita perdida en un desierto (poblacional), o alguna así, que de momento no procede por diversos motivos de poco peso cada uno pero que juntos suman gran tonelaje.
Hay demasiada gente, rozo con ella, en la calle, los comercios, el metro, los transportes, la carretera, y me pongo como una hidra. Tengo una mala hostia que no me lamo, y como encima soy de biotipo atlético, que en mi libro de psicología de COU ponía que tenemos tendencia a la violencia y a la delincuencia, me pongo super brava. A lo mejor la solución a corto plazo es que un día me encuentre a alguien más furro que yo y me suelte una ensalada de hostias que me deje más suave que un guante.
Luego yo me pregunto porqué me pongo tan bestia y desagradable, en realidad la gente que conoce mi cara Nutria piensa que soy un gran ser humano. ¿Lo soy? ¿Tengo doble personalidad? A veces soy encantadora, sonrío a las cajeras, ayudo a las ancianitas, si veo un accidente en la calle me paro a ayudar... hasta que de repente, un día, alguien toca no se qué jodido resorte y me convierto en un ser anormal, ávido de sangre, chula como un policía local de los noventa...
Y solo se me ocurre atribuirlo (ya que no cuadra con mis estados hormonales) al efecto de masa. Hay demasiada gente en este cochino mundo. Al gracioso que ponga en los comentarios que a lo mejor la que sobra soy yo, no, no le voy a hacer un morro nuevo, pero también puede ser él el que sobre, y en cualquier caso, yo ya estoy aquí, y a ver quien es el guapete que me saca. Ni voy yo a sacar a nadie (o no quisiera, la verdad, pero por si acaso, evítenme), pero ya tomé hace tiempo la decisión de no meter a nadie más. Ya vale con todas las apreturas, colas, pisotones, roces y demás que llevamos. Yo creo que eso pone nerviosa a la gente... y la vuelve agresiva, y que no piense en los demás.
Cuando estudié ecología en la carrera, me hablaron del efecto de masa. Cuando una población crece por encima de determinados límites, aunque sigan existiendo recursos suficientes para todos, se autorregula disminuyendo la natalidad. También se atribuía a este efecto la famosa conducta ya descartada de los lemmings. Y a lo mejor nuevos estudios también han echado por tierra este efecto... pero podría ser que existiera de verdad, y que los seres humanos, que en general hemos pervertido el orden natural de las cosas, lo hayamos neutralizado, y venga de reproducirnos, y de llenar este mundo de sujetos, que por primera providencia, no le dejan a uno soledad suficiente como para relajarse, descargarse ni tiempo para interiorizar cosas.
Y eso, sin entrar en el tema de la sobreexplotación de los recursos naturales, ni del neomalthusianismo, del que mantengo mi promesa de que hablaré de él... y como lo lea la Santa Iglesia Católica me excomulga.
Hay demasiada gente, rozo con ella, en la calle, los comercios, el metro, los transportes, la carretera, y me pongo como una hidra. Tengo una mala hostia que no me lamo, y como encima soy de biotipo atlético, que en mi libro de psicología de COU ponía que tenemos tendencia a la violencia y a la delincuencia, me pongo super brava. A lo mejor la solución a corto plazo es que un día me encuentre a alguien más furro que yo y me suelte una ensalada de hostias que me deje más suave que un guante.
Luego yo me pregunto porqué me pongo tan bestia y desagradable, en realidad la gente que conoce mi cara Nutria piensa que soy un gran ser humano. ¿Lo soy? ¿Tengo doble personalidad? A veces soy encantadora, sonrío a las cajeras, ayudo a las ancianitas, si veo un accidente en la calle me paro a ayudar... hasta que de repente, un día, alguien toca no se qué jodido resorte y me convierto en un ser anormal, ávido de sangre, chula como un policía local de los noventa...
Y solo se me ocurre atribuirlo (ya que no cuadra con mis estados hormonales) al efecto de masa. Hay demasiada gente en este cochino mundo. Al gracioso que ponga en los comentarios que a lo mejor la que sobra soy yo, no, no le voy a hacer un morro nuevo, pero también puede ser él el que sobre, y en cualquier caso, yo ya estoy aquí, y a ver quien es el guapete que me saca. Ni voy yo a sacar a nadie (o no quisiera, la verdad, pero por si acaso, evítenme), pero ya tomé hace tiempo la decisión de no meter a nadie más. Ya vale con todas las apreturas, colas, pisotones, roces y demás que llevamos. Yo creo que eso pone nerviosa a la gente... y la vuelve agresiva, y que no piense en los demás.
Cuando estudié ecología en la carrera, me hablaron del efecto de masa. Cuando una población crece por encima de determinados límites, aunque sigan existiendo recursos suficientes para todos, se autorregula disminuyendo la natalidad. También se atribuía a este efecto la famosa conducta ya descartada de los lemmings. Y a lo mejor nuevos estudios también han echado por tierra este efecto... pero podría ser que existiera de verdad, y que los seres humanos, que en general hemos pervertido el orden natural de las cosas, lo hayamos neutralizado, y venga de reproducirnos, y de llenar este mundo de sujetos, que por primera providencia, no le dejan a uno soledad suficiente como para relajarse, descargarse ni tiempo para interiorizar cosas.
Y eso, sin entrar en el tema de la sobreexplotación de los recursos naturales, ni del neomalthusianismo, del que mantengo mi promesa de que hablaré de él... y como lo lea la Santa Iglesia Católica me excomulga.
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